Riqueza Fabulosa

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Somos infinitamente abundantes

jueves, 9 de febrero de 2017

Los Eclipses y sus Temporadas

Los Eclipses y sus Temporadas
Por Sarah Varcas




Traducción: Gabriela Halblaub
Difusión: El Manantial del Caduceo
http://www.manantialcaduceo.com.ar/libros.htm
https://www.facebook.com/ManantialCaduceo 



Los eclipses ocurren en grupos de dos ó tres dentro de una temporada de eclipses, que dura 36 días. Durante este tiempo toda luna llena o nueva se presentan como Eclipses Lunares o Solares, respectivamente, aunque puede existir un área gris en el comienzo de una temporada de eclipses, donde se puede presentar una luna nueva o llena que "no es del todo un eclipse". Una temporada de eclipses sucede mientras el Sol está dentro de los 18 grados de uno de los Nodos de la Luna, esto significa, los puntos de la órbita de la Luna donde se cruzan con la órbita del Sol. Las temporadas de eclipses surgen cada 6 meses.


¡Los eclipses somos nosotros!

Hablando en términos generales, los eclipses tienen una mala fama, no hay duda, debido al miedo que provocaron en días pasados, cuando los eclipses totales zambullían a la gente en la oscuridad, y la luz sostenedora de la vida era erradicada por una fuerza aparentemente todo poderosa. Ya sabemos que la luz, ya sea solar o lunar, va a regresar, y podemos sorprendernos con el evento si somos lo suficientemente afortunados para experimentarlo, sin temer por nuestras vidas. Pero todavía existe el miedo a los eclipses en la psiquis colectiva, y todo aquello que pueden traer consigo.


Mientras yo nunca sugeriría el miedo como una respuesta útil a un eclipse que se acerca, ciertamente aconsejaría cuidado, en términos del nivel de consciencia propio. Los eclipses son ciertamente tiempos de gran poder, donde las fuerzas interiores y exteriores pueden ser liberadas sobre nosotros, y necesitamos estar alertas a lo que provoque en nuestras vidas. Sin embargo, a diferencia de nuestros ancestros, podemos reconocer que estas no son fuerzas separadas de nosotros, que intentan darnos muerte, sino que son fuerzas internas que intentan que nos expresemos y nos demos cuenta. Sí, los eclipses a veces traen eventos que pueden poner nuestras vidas cabeza abajo, pero nada nunca sucede en la vida que no sea característico de la persona dueña de esa vida. La astrología nos enseña esto, por sobre todas las cosas. Cada uno de nosotros vive la energía de la propia carta natal mientras tejemos nuestro propio patrón y lo enhebramos junto con esa energía. Nuestros nacimientos nos otorgan la materia prima pero nosotros ponemos el sello sobre ella, con cada palabra, acción, pensamiento y respiración.


Y así es que pasa durante una temporada de eclipses, que lo que sea que nos traiga, a pesar que los eventos puedan ser sorpresivos, inprobables, impactantes o bienvenidos, provienen del campo de energía esencial que somos nosotros - ustedes y yo. Son característicos de quiénes somos, del camino que tenemos que recorrer, y del crecimiento necesario para transformarnos en todo lo que podemos ser. Percibirlos como otra cosa es negar la naturaleza esencial de nuestra existencia, que es tejida a través del tiempo y el espacio, conectada aquí y allá con el despliegue de este universo siempre en expansión que requiere que nos expandamos con él. Un eclipse puede cambiar la vida de una persona para siempre, y no afectar la vida de otra persona, no porque una fue desafortunada o afortunada, maldita o bendecida, sino porque cada individuo, por su propia naturaleza, experimenta las energías del eclipse de la única manera que pueden. Como sólo deben hacerlo.


Improbabilidad predecible


Las temporadas de eclipses son notoriamente impredecibles en sus efectos. Incluso aparte de los eclipses en sí mismos, una vez que estamos en la temporada, ya se hicieron todas las apuestas y cualquier cosa podría suceder. Por lo general la vida lleva de algún modo la sensación de acelerarse. Aumenta la presión y burbujean las tensiones cuando menos lo esperamos. Avances pueden suceder alternativamente, y se puede lograr progreso inesperado. A veces ambas cosas suceden al mismo tiempo,¡e incluso más! Los eclipses nos enseñan que existen muchas otras dimensiones en acción en nuestras vidas, y no podemos, bajo ningún aspecto, controlarlos. Estamos sujetos a toda forma de fuerzas, influencias y energías, a las que tenemos que reverenciar en tiempos como estos, reconociendo que, como una vez dijo el Dalai Lama, "a veces, al no conseguir lo que se quiere es un golpe maravilloso de suerte".


El haber estudiado el efecto de los eclipses a través de los años me ha revelado que por lo general condensan un proceso que de otro modo llevaría mucho más tiempo. La relación que pensábamos que deberíamos terminar en los próximos meses repentinamente termina de un día para otro. A lo pasado pisado y no hay vuelta atrás. Ese proyecto laboral que estuvimos cocinando el año pasado y que esperábamos lanzar el año siguiente de pronto encuentra su momento y debe empezar rápidamente para agarrar el ritmo. Ese dolor molesto que hemos estado teniendo en los pasados meses, que sabemos deberíamos haber consultado, se vuelve inevitable de un día para el otro y de pronto nos encontramos en la sala de emergencia del hospital. Los eclipses le dan un cierre al proceso y nos desplazan a otro nivel. A veces esto puede ser excitante, otras veces extremadamente alarmante, pero de un modo u otro nos muestran que lo que sea que pensábamos que teníamos planeado, ¡probablemente no era en realidad cómo iba a resultar! Una vez que esta realidad es revelada, tenemos una elección. Y es esta elección que yace en el corazón del desafío, presentado por una temporada de eclipses:


¿Nos resistimos y luchamos contra la nueva agenda de nuestras vidas, o eliminamos la vieja y seguimos con las nuevas modificaciones?

Por supuesto, probablemente todos nosotros conocemos la respuesta "correcta": no resistirse al Universo, sólo seguir el curso. Pero no es tan fácil, ¿no? Estamos tan fuertemente atados a creer que nuestras vidas deberían ser de un cierto modo, y que se tiene que desenvolver cuando queramos y no cuando otro lo diga, que cuando somos barridos por eventos inesperados, nuestro comportamiento por defecto es tratar de volver a cómo estaban las cosas antes, o lamentarnos por el "destino injusto" que ha caído sobre nosotros. Podríamos identificarnos tan fuertemente con este punto de vista que nos negamos a buscar incluso una manera positiva de manejar este nuevo set de circunstancias, porque hacerlo sería equivalente a aceptarlas sin luchar, ¡y simplemente no estamos preparados para hacer eso! Entonces peleamos contra los eventos de nuestras vidas, diciéndonos que no podemos lidiar con este nuevo orden de cosas. Necesitamos recuperar algo del control y recuperarnos. Incluso cuando parece que las cosas salen como nosotros lo queremos, un eclipse puede dejarnos desestabilizados y sintiéndonos fuera de control:" No me dí cuenta que había tenido tanto éxito y atención", puede ser tan desconcertante como "¿Cómo voy a seguir sin la persona con la que pasé los últimos 10 años?". Bajo estas dos preguntas yace la esencia del desafío humano:


"¿Cómo vivo cuando la vida no cumple con mis expectativas?"


No sé ustedes, pero yo estoy cargada con expectativas, desde el minuto en que me levanto hasta el momento en que me voy a la cama. Algunas parecen bastante insignificantes, como que espero que haya pan en la panera para el desayuno (y a veces descubro que nos lo comimos todo sin darnos cuenta), y espero que salga agua de la canilla cuando voy a llenar la pava (y casi siempre sucede). Otras son más graves: espero ser capaz de caminar cuando salgo de la cama, y espero estar con mi marido al fin del día, sin estar separados por alguna tragedia inesperada que altere nuestras vidas. Pero la verdad es que ninguno de nosotros sabe lo que nos espera al siguiente minuto, y cuando una temporada de eclipses se cierne sobre nosotros, se nos recuerda colectivamente de esta verdad, no para remarcar los crueles giros del destino que juegan en nuestras vidas, sino para animarnos a despertarnos al peso de nuestras expectativas y comenzar a liberarnos de sus agarres limitantes.


Una vez que podamos hacer esto (y todavía estoy practicando, ¡créanme!), la vida tiene un tono muy diferente. El agua que sale de la canilla se convierte en un milagro diario que nos mantiene vivos. ¡La panera vacía es un recordatorio, que incluso el desayuno no puede ser pronosticado! La tragedia que todos rezamos que no caiga sobre nosotros revela uno de los misterios más profundos de la vida: que incluso en nuestra hora más oscura podemos encontrar momentos, segundos de paz si los buscamos, y que aquello que tememos que nos vaya a destrozar puede eventualmente hacernos más fuertes y más sabios.


Dentro de la constelación de expectativas que todos arrastramos, yacen las raíces del descontento, del estrés y de la insatisfacción. Cuanto más energía invertimos en ellas, menos energía tenemos cuando la vida no sigue el plan. La clave no es el asegurar que esto nunca sucede (cosa que no podemos hacer, ¡no importa cuánto tratemos!) sino el aceptar el hecho de que sí sucede, por lo tanto reconocer que la vida no está en contra nuestra. Este es el mensaje central de una temporada de eclipses, y uno que necesitamos aceptar, y cuando podamos, celebrarlo. Porque si la vida sólo hace lo que nosotros queremos cuando queremos, estamos limitados por siempre por nuestras imaginaciones y las expectativas que soñamos en nuestras pequeñas mentes sin importancia. Una vez que la vida tiene permiso de tomar el mando, ni siquiera el cielo es el límite, ¿y quién sabe hasta dónde nos podría llevar? Lo que consideramos un inconveniente se puede transformar en la puerta hacia una total nueva experiencia. Lo que etiquetamos como una tragedia se convierte en el momento que reconocemos qué es lo que realmente importa en la vida. Lo que vemos como una falla se transforma en el camino para descubrir un talento oculto que incluso nunca supimos que teníamos.


Así que las temporadas de eclipses deberían ser bienvenidas junto con todo lo que tienen guardado para nosotros, tanto a nivel personal como a nivel colectivo. Porque lo que sea que tengan, podemos estar seguros que el bloqueo más grande que nos hace tropezar siempre estará dentro nuestro, en la forma de nuestras expectativas y supuestos acerca de la vida. De última, se trata de cómo las manejamos, lo que da el pulido en este tiempo impredecible de cambio.


Sarah Varcas


© Sarah Varcas 2017. Todos los derechos reservados. Se permite compartir libremente este artículo en su totalidad si se otorga crédito total a la autora, se distribuye libremente y se incluye la URL www.astro-awakenings.co.uk

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